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Los
artistas colaboradores pintaban en pancartas las palabras
que los vecinos del Raval proponían y que éstos
colgaban en sus balcones.Por una vez, los transeúntes
podían ver una pancarta que en lugar de maldecir el
ruido o celebrar algun gran día, mostraban palabras
sencillas que se convertían automáticamente
en poemas por el solo hecho de estar colgadas allí
mismo. Alguien podría interpretar La Ciutat de les
Paraules como una tarea más próxima al comisariado
de una exposición, o tal vez como la organización
de una fiesta de barrio. Sin duda también fue eso,
pero para nosotros es una obra más, hecha esta vez
con mucha gente, reuniones, llamadas, más llamadas
y un poco de aquello que cayó en nuestras manos. |
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