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Teníamos
claro lo que no nos gustaba: ni los discursos, ni el arte
como artículo de boutique para élites, ni queríamos
ser artistas comprometidos solamente con nuestros propios
ombligos. Por todo ello trabajábamos escondidos detrás
de un seudónimo y un bigote, haciendo de una forma
muy seria arte divertido, apto para todos los públicos.
Iniciamos el proyecto con dos propuestas sencillas: a los
vecinos les pedimos que colgaran en su balcón su palabra
favorita, y a los artistas les sugerimos trabajar sobre la
relación entre arte y literatura utilizando al Raval
como lienzo en blanco. Estas ideas tomaron forma y se fueron
enriqueciendo grácias a las aportaciones de muchas
personas que ampliaron los horizontes del proyecto. |
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